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HERRAMIENTAS PARA LA SUPERACIÓN E INTEGRACIÓN

por Abraham Padilla Benavides, Compositor, Director de Orquesta, Musicólogo, Docente, Productor Discográfico

Transcripción de la clase- conferencia: “¿Por qué debemos realizar conciertos de música de cámara en el Perú”

Se argumenta la necesidad de realizar conciertos de música de cámara en el Perú como una herramienta permanente de superación personal y profesional al interior de los elencos grandes. Se argumenta también sobre los beneficios que ello incorpora a mejores ambientes de trabajo y mayor calidad interpretativa, así como la necesidad de intervenir en la gestión cultural directa para promover estos conciertos.

 

Estimados alumnos,

 

Hoy día, nos vamos a referir a la importancia de realizar de manera cotidiana y permanente conciertos de música de cámara con integrantes de nuestros elencos.  Ello redundará inevitablemente en el mejoramiento del nivel interpretativo de todos los músicos participantes, en una mayor precisión de cada integrante del conjunto y además, nos da la oportunidad de presentarnos en espacios más pequeños con mayor cercanía al público, algo que también es importante.

 

Pero veamos poco a poco los diversos aspectos involucrados en este tema.

 

En primer lugar, cuando hablamos de música de cámara nos referimos a la música que hacemos mediante un conjunto pequeño, usualmente de pocos músicos, o, en el mayor de los casos, por un conjunto orquestal que, en ese caso, recibe por lo general la denominación de orquesta de cámara.  Pero no solo al número de ejecutantes se refiere esta denominación, también hace alusión a que se ejecuta en un ambiente de menores dimensiones que una sala grande de conciertos.  Podría ser incluso, en la sala de una casa.  Esto fue así en sus orígenes pues estas cámaras eran los salones de las cortes europeas donde se cultivaba esta música.  Actualmente podemos tener un concierto de cámara en un auditorio grande.  En este caso, la denominación “de cámara” alude evidentemente a la música compuesta para este conjunto pequeño, que pueden ser, desde la mencionada orquesta de cámara a un solo músico.  Dependerá de las condiciones acústicas, fundamentalmente, que se pueda tocar este tipo de repertorio en teatros grandes.  Evidentemente, hoy, no se asocia tampoco esta denominación a la procedencia de la música, pudiendo tener música de cámara de cualquier parte del mundo y en cualquier estilo.  Lo que unifica entonces esta idea, es que es música que se ejecuta con pocos instrumentos o voces.  ¿Cuántos? No hay un número específico, pero en realidad, finalmente eso no es importante.  Es solo una manera de referirse a esta situación performática con pocos participantes o con una acústica limitada por las capacidades de los instrumentos o voces en cuestión.

 

Pero lo que sucede en la música de cámara es que cada instrumento o voz, al no ser muchos, tiene una parte, proporcionalmente más importante, más exigida, que la que tendría usualmente en una orquesta, coro o banda grande.  Es decir, aunque no es una regla, porque en música y en arte no hay reglas sino criterios, usualmente las partes para los instrumentos o voces que tocan o cantan música de cámara son más exigentes técnicamente y más recargados en su participación proporcional.  Es decir, tocan más notas.  Asimismo, se encuentran por lo general mucho más expuestos en todos sus detalles, desde la afinación hasta la más pequeña articulación o matices, por lo que para que alcance su plena realización, el músico debe, por lo general, estudiar con bastante detalle cada elemento que participa del discurso musical.

Abraham Padilla

Abraham Padilla dirigiendo la Orquesta Intercultural Americana en concierto de cámara en la Iglesia San Francisco de Asis de Barranco, a beneficio del Cuerpo de bomberos Voluntarios de Barranco. 2012

 

Esto por si solo ya es una motivación para que un instrumentista de orquesta o banda, o cantante de coro, le dedique un poco más de tiempo al estudio de su parte.  Eso incluye, por supuesto, también la calidad del sonido que se produce, pues será percibido con mayor detalle por el auditor.  Cada uno es, por así decirlo, aunque no en el mismo sentido que dentro de un concierto grande, un solista.

 

Adicionalmente, el músico de cámara se ve forzado, obligatoriamente, a escuchar y estar muy atento a lo que hacen sus compañeros en la interpretación.  Es evidente que estando conformado un conjunto, por ejemplo, por tres músicos, cada uno de ellos deberá engranarse muy precisamente con el resto y ello solo es posible mediante un trabajo de ensamble específico y muy cuidadoso.

 

Un gran error que he encontrado muchas veces en algunos instrumentistas, cantantes o incluso en directores, es la creencia de que es suficiente ser un buen músico, es decir, ser eficiente en la realización musical de todo lo prescrito en la partitura, para tocar bien dentro de un conjunto.  Nada más falso.  Es obvio que mientras mejor sea el profesional, tendrá menos dificultades técnicas al momento de tocar o cantar, pero la actividad de interpretar música en conjunto, es diferente y específica.  Por lo tanto, es necesaria una educación en una serie de aspectos referidos a cómo ensamblarse dentro de un conjunto u orquesta, sea esta de cámara o más grande. 

 

Esto está comprobado por todas las experiencias que tenemos al respecto.  El problema radica en que muchas veces, el propio músico se encuentra en ese error y, por lo tanto, no hace el esfuerzo suficiente para integrarse al conjunto al que está perteneciendo en ese momento.  Y no me refiero aquí a los aspectos humanos, que evidentemente son muy importantes y los cuales veremos más adelante, sino a la integración musical, al fraseo, a las respiraciones, al timbre resultante, etc…  Todo ello debe ser autoregulado con gran precisión, pues, de otro modo, cualquier desajuste o error se nota muy claramente.

 

Ensamblarse con otros, no es un tema solamente técnico.  En realidad, las experiencias que he tenido al respecto, me han convencido, como en muchos otros aspectos que hemos comentado en estas clases, que el factor humano es fundamental para que todo funcione mejor.  La comunicación es siempre entre personas al interior de un conjunto, “de personas”.  Por lo tanto, así como al director le es imprescindible desarrollar sus habilidades comunicativas a nivel humano, así a cada instrumentista o cantante de un conjunto, especialmente de cámara, le corresponde realizar un trabajo personal en la superación de su propia neurosis, para ponerse al servicio del bien común, de la integración de las diversas sensibilidades en un solo discurso, en una idea, muchas veces compleja, pero integrada.

 

No se puede enfatizar lo suficiente la importancia de la buena comunicación al interior de un conjunto.  Sin ello se está permanentemente en riesgo.  Pero no en ese riesgo deseable al que nos expone el arte por ser algo de vida o muerte, sino al riesgo mundano del desencuentro de nimiedades y engreimientos absurdos.  El riesgo en el arte es importante. No se puede hacer nada valioso estando totalmente seguro. Hay que avanzar y pararse ante ese abismo para expresar lo humano de las creaciones artísticas.  Sin coraje, sin atrevimiento, no se llega a ningún lugar interesante.  Eso vale también para la interpretación musical.  Cuando uno se coloca tras una baranda de seguridad ante el abismo del arte humano, lo más probable es que a nadie le interese, pues será aburrido y un tanto banal.  Lo contrario, caminar por el filo de la navaja, sin saber si tendremos éxito o no en nuestra travesía, nadar contra la corriente o cruzar vacíos sin redes de protección, creo que es la única manera de afrontar el espacio-tiempo artístico, irrepetible y efímero y, por lo mismo, solicitante de una energía vital, motivaciones superiores, saltos infinitos y probablemente, llegadas a la otra orilla con éxtasis y satisfacción.  Los espectadores lo perciben y lo valoran.  Repito, la seguridad no es algo que se mezcle con el arte.  El riesgo, el abismo, sí.  Pero, una vez más, no el riesgo tonto e inútil.  De ese hay que huir.

 

La buena comunicación es la que considera al otro en tanto ente valioso, con mucho que decir respecto a todo y es incorporado, por lo mismo, al propio discurso, lo complementa, lo amplía, lo hace crecer.  Esta es la que necesitamos entre las personas de un equipo.  Si tenemos esto, la música fluye, como una conversación amena, amable e interesante.  Si no, los sonidos se traban en el aire y enredan al oyente, producto del enredo entre los músicos.

 

Es, por lo tanto, muy conveniente, colocarse en la situación de compartir con otros músicos, para hacer música de cámara, dado que ello nos confrontará, entre otras cosas, con nuestras propias habilidades y sensibilidades comunicativas, a nivel personal.  De ello puede resultar que, o bien no nos hallemos, debido a nuestra terquedad, ego inadecuado o neurosis personal, o, que nos integremos a los otros, los aceptemos y compartamos dignamente los espacios, aún cuando no siempre estemos de acuerdo.  El desacuerdo no es ningún problema cuando las personas son justas y tienen una mirada más trascendente de las relaciones humanas.  Es más, esos desacuerdos son importantes y necesarios, pues de ellos todos aprendemos y lo que hayamos discutido posibilitará que accedamos a más sólidas conclusiones, las que ahora, tendrán mucho mayor respaldo del grupo, además.

 

La autorregulación, entonces, de nuestros propios caprichos y necesidades, se torna así en una experiencia cotidiana que, además de contribuir en hacer mejor nuestra vida y la de quienes tienen relación con nosotros, se va transformando poco a poco en un hábito muy saludable, con el consiguiente buen resultado en el ambiente general de trabajo del grupo.

 

Otra de las características de la música de cámara es que muchas veces, aunque no siempre, se realiza sin director.  Ello obliga a cada miembro del conjunto a estar doblemente atento y sensible al más mínimo detalle de los otros.  Muchas veces, el liderazgo para ciertos aspectos, lo asume uno de los integrantes, que actúa a ratos, como director.  Otras veces el liderazgo es compartido.  Sin embargo, siempre debe existir una idea unificadora de la pieza a interpretar.  Uno de los peligros de trabajar sin director, es que nadie asuma esta función cabalmente y no es poco frecuente, que buenos músicos, realicen una interpretación deficiente pues la misma no tuvo direccionalidad en los fraseos o ritmos o incluso en algunos matices.  No me refiero aquí a la coordinación, que esa sí resulta usualmente de forma eficiente.  Me refiero a la concepción de estos fraseos, de estas direccionalidades, de estos matices.  Al entendimiento cabal de la obra y su plasmación en el sonido a través de todos y cada uno de los detalles.

 

Entonces, cuando hacemos música de cámara, lo primero que necesitamos, es estudiar la obra y luego, dependiendo del número de integrantes de nuestro conjunto, discutir las ideas acerca de la composición en general para armar una interpretación coherente a todo lo largo de la pieza.  Un error frecuente es comenzar directamente tocando e ir revisando los detalles sobre la marcha.  Así, se ponen de acuerdo sobre los matices, sobre ciertas articulaciones, etc… y al final todos están integrados en la ejecución, incluso con adecuadas referencias temáticas de los elementos.  Sin embargo, ello no significa que la interpretación este bien, si cabe el término, pues ello solo se consigue con una idea sobre la totalidad de la obra, sobre la línea o conducto unificador, algo que no siempre es fácil de dilucidar.

 

Estar expuestos a estos dilemas,  discusiones y retos, hace que el músico tenga que crecer en muchos sentidos, desde el personal hasta el técnico musical, pasando por la disciplina de estudio, el respeto a los compañeros y a los horarios.  Trabajar en interpretar música de cámara obliga al músico a ser mejor. 

 

Podemos ver claramente, como esto puede ser una herramienta fundamental para mejorar el trabajo de un conjunto más grande, una orquesta, coro o banda.  Es probable, en nuestro medio ello sucede, lo sabemos, que no todos los integrantes de un conjunto estén realizando su labor con todo el ahínco y dedicación que las circunstancias ameriten, por muchas razones, de modo tal que algunos se escuden en el aparente anonimato que proporciona un conjunto grande, en la aparente invisibilidad de nuestros propios errores o falta de dedicación a los detalles.  Si promovemos, al interior de nuestros conjuntos grandes, la realización de obras de cámara por parte de algunos de los integrantes, estos queridos músicos, tendrán que dedicarse a pulir ciertos aspectos que tal vez, usualmente no captaban tanto su atención.  El estar expuestos, directamente, visiblemente y con nombre propio, es una motivación que comprobadamente nos pone en una mayor nivel de exigencia con uno mismo y, lo que es más notable aún, la misma persona que antes, dentro de esa mancha que puede ser el conjunto, tenía actitudes y deficiencias que atentaban contra la correcta y adecuada realización musical, ahora no solo corrigen esas actitudes sino que hasta se convierten, casi como por arte de magia, en ciudadanos musicales maduros y hasta muy expresivos.

 

Que los directores o líderes de los conjuntos o instituciones musicales, que tienen a su cargo conjuntos grandes, promuevan la realización de conciertos de música de cámara –y en esto me refiero específicamente a conciertos, a presentaciones con público y toda la formalidad del caso- es absolutamente imprescindible para mejorar el nivel de nuestros conjuntos.  Quienes participen de estos conciertos deberán prepararse, ensayar con sus compañeros y se desarrollará, de manera natural, una amistad musical y probablemente humana que mejorará, sin lugar a dudas, la convivencia al interior del conjunto.  En efecto, convivir alrededor de la música, mediante un trabajo disciplinado y atento, nos acercará entre los participantes y ello se trasladará al conjunto “madre” o mayor.

Cuarteto de Metales

Cuarteto de Metales, creado por Abraham Padilla en la Dirección de Música de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, integrado por Franco Carranza, Enrique García, Jaime Chunga y Ricardo López.

 

Promover estos concierto es, además, una forma de transmitir confianza a los integrantes de un conjunto, pues ellos o ellas, sentirán de todas maneras, que se les está confiando una tarea, que los obliga a superarse, entre otras cosas, porque confiamos en que el resultado será favorable.  Lo he vivido siempre en mi trabajo como director en orquestas en todo el Perú.

 

He comprobado en múltiples experiencias, que entregar confianza a los integrantes de un conjunto nos devuelve siempre, en todos los casos, una mejor actitud y una mejor interpretación musical.   Solo se requiere, en algunos casos, la guía adecuada y cariñosa, segura, de un líder.  En ese deseo que tenemos todos de superarnos, la confianza que recibimos y otorgamos al respecto, juega un papel primordial e irremplazable.  Pero todo ello debe ser realizado con verdad, con honestidad, con respeto.

 

No es suficiente, sin embargo, realizar estas experiencias de manera aislada, de vez en cuando.  Creo que debemos realizar conciertos de música de cámara permanentemente y todos y cada uno de los integrantes del conjunto deben participar de ello.  Existe repertorio de todos los tipos, conformaciones y estilos, de modo tal que eso no es problema.  En todo caso, siempre se pueden componer obras específicas para cada conjunto.

 

Lo importante también, es que la realización de estos conciertos, con integrantes de un conjunto mayor, tengan a su vez, mucha difusión y sean parte de una programación sistemáticamente proyectada, con objetivos específicos para cada uno, de ser posible.  En nuestros conjuntos, tenemos músicos con niveles de trabajo diferentes.  Creo, sin embargo, que para haber accedido a ser parte de estos elencos, todos han tenido y tienen los méritos suficientes.  Sabemos que por diversas razones algunos se han acomodado y no han buscado siempre la superación.  Sabemos también, que, siendo capaces, aguardan en el fondo la oportunidad de mostrar su arte y talento, algo, por lo demás, justo y necesario.  No los juzguemos.  Ya es bastante difícil y sacrificado ser músico en el Perú.

 

Como siempre les digo, o les he dicho antes a otros antes que a ustedes, trabajemos para que podamos tener música de cámara al interior del conjunto grande.  Ello demandará un poco más de trabajo pero al cabo de un tiempo nos dará muchas satisfacciones pues, sin duda, el nivel musical general mejorará notablemente.

 

La superación es una actitud muy personal y no se puede inocular a las personas como algo que viene desde afuera.  Pero sí podemos motivar el encuentro de las capacidades y sueños, a veces perdidos, en algún lugar del interior y hacerlos aflorar para que estén al servicio de nuestra propia realización y contribuya a una experiencia musical enriquecedora, siempre.

 

Complementando esto, quiero decirles que me parece indispensable que los músicos intervengamos en la gestión cultural.  En el Perú, se hace relativamente poca música de cámara.  La situación no es favorable ni automática para quienes quieran realizar estos conciertos.  Esto es paradójico porque es un poco más fácil realizar estos conciertos.  No necesitamos un local muy grande y tampoco debería ser muy caro pues son menos los músicos participantes.

 

Muchos de ustedes saben, porque han participado de algunos de ellos, que personalmente he trabajado y trabajo mucho para que tengamos eventos e instancias de promoción de la música de cámara.  Lo hago por estas convicciones que les he expuesto ahora.  Creo que está en nuestras manos, en nuestras manos de músicos, el promover que existan estas instancias porque ello redundará en un gran beneficio para el nivel de la música en el Perú. 

 

Algo que es también sumamente importante, y ustedes pueden dar fe de ello porque lo han vivido y lo viven todos los días, es que aquellos que han participado haciendo música de cámara, al volver al conjunto grande, se convierten en militantes de la calidad, en defensores de la disciplina, en promotores del respeto a los otros y a la superación.  Quieren más.  Es cierto que a ratos quisieran no haberse metido en esto, por simple flojera.  Ese desánimo nos ha pasado a todos en algún momento.  Pero una vez allí, con las motivaciones adecuadas, enfrentan con muchas ganas el reto y, puestos en la batalla, salen airosos de la situación.  Qué mayor satisfacción que sentir plenamente y con todo derecho, el éxito personal producto del esfuerzo y la dedicación.  Qué mayor beneficio que saberse un poco mejor, persona y músico. Y ¿cómo sentirá nuestro público nuestra energía? ¿Cómo se escuchará esta plenitud interior en cada nota, en cada frase y respiración de nuestra interpretación?

 

Hacer música de cámara en el Perú es indispensable.  Participar de la gestión para que esto sea posible es una necesidad imperiosa.  Tenemos que desarrollar la confianza y las habilidades suficientes para seguir en el camino de la superación.  No debemos desaprovechar la oportunidad de vivir la experiencia de la plenitud personal y profesional pues ello, nutre nuestra vida y nuestra profesión.  Todos somos más felices cuando hacemos algo bien, cuando sentimos nuestro valor crecer.  La música de cámara nos puede dar esta oportunidad.  No la dejemos pasar.

 

Muchas gracias.

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