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LA EDUCACIÓN MUSICAL Y LA INTEGRACIÓN EN EL PERÚ

por Abraham Padilla Benavides, Compositor, Director de Orquesta, Musicólogo, Docente.

 

Si hace 30 años nos hubieran dicho que en las fiestas familiares de la "alta sociedad limeña" se escucharían los Hits de la hoy llamada Cumbia Tropical, que en las discotecas más caras y de moda, los jóvenes cantarian a coro canciones nacidas del mestizaje de géneros andinos, selváticos y hasta criollos, es muy probable que hubiésemos puesto cara de asombro. Esas músicas, no formaban parte de la agenda Inn de la sociedad, eran mal vistas (o escuchadas) y se les menospreciaba, no solo por su dudosa calidad artística (duda que, por lo demás, siempre ha existido sobre la música popular en general) sino, y sobretodo, por su pertenencia a un mundo que no era el oficial, el eje de la subjetividad política. No, esa música pertenecía a los inmigrantes, de todo el Perú, pero extranjeros al fin en una capital centralista y muchas veces violenta con sus habitantes.

Sin embargo, hoy, la situación descrita no es inusual y, lo que es más impresionante, ya no es mal vista (o escuchada). Esto no ha ocurrido porque exista una conciencia de integración, de aceptación del otro o por alguna política de Estado de inclusión. Simplemente la fuerza arrolladora de la gran masa peruana (con sus múltiples versiones de identidad en cada esquina) ya no ha podido ser tenida a raya y se ha comido todos los espacios posibles, entrando por minúsculas ventanitas que, progresivamente, se han convertido en puertas abiertas de par en par.

Como en muchos aspectos del devenir en el Perú, la sociedad "oficial" reacciona tardíamente ante estos fenómenos y es sólo mediante la omnipresencia de éstos que se comienzan a integrar acciones y posturas "inclusivas", que luego se ponen de moda, aparecen en los medios y así, son validados por el statu quo, aunque evidentemente, con la secreta oposición de muchos sectores que prefieren callarse y no ser tildados de políticamente incorrectos. El pensamiento hegemónico cambia su norte y todos se pliegan a la nueva orientación.

Concierto Intercultural

ASHÁNINKA: Sinfonía Peruana en 5 Movimientos, con la Orquesta Sinfónica Nacional, el Coro Nacional de Niños y la solista asháninka, mi querida pupula, Yéssica (2009)

LA EDUCACIÓN MUSICAL

La educación musical en el Perú es una tarea compleja que tiene serias deficiencias de fondo. La institucionalidad académica musical peruana no ha sido capaz aún de integrar, lo que a nuestro juicio es fundamental e indispensable en un país como el nuestro, con profundas y diversas raices culturales, a saber: la ubicación en el Peru, la experiencia musical que tiene la mayoría de potenciales alumnos, cargada de tradiciones, en algunos casos milenarias, respecto a las prácticas musicales, los instrumentos peruanos, la circunstancia de que estamos en el Siglo XXI, la historia o historias musicales de los pueblos del Perú y ha desatendido, de esta manera, aquello que le puede dar sentido a realizar la tarea educativa. No considerar como uno de los ejes principales de su accionar, la carga semántica de la subvetividad de la propia experiencia de los alumnos, su pertenencia a una cultura, por lo demás rica y profundamente enraizada, no sólo es un error metodológico y pedagógico mayúsculo, sino que es un acto de violencia poderoso, por la negación que ello implica del otro. Claro, si pensamos este tema como una problemática sólo restringida a las grandes ciudades, entonces es probable que estas ideas parezcan exageradas. Pero si nos hacemos cargo que nuestro país es mucho más que las ciudades y que, por ejemplo, en una comunidad de la Selva Central puede habitar una niña con gran talento musical y legítimas aspiraciones de mejorar sus habilidades y, porqué no, hacer una carrera en la música, pero que tiene ya una valencia cultural relacionada con su pueblo Asháninka, nos damos cuenta que el Perú no le ofrece nada que la pueda guiar a esa meta. La institucionalidad académica musical peruana supone que si esta niña quiere profundizar sus habilidades musicales, debe abdicar de su propia cultura y debe dedicarse a estudiar la música occidental, que por lo demás, se ha "vendido" durante mucho tiempo, como LA MÚSICA, como la única posibilidad de estudiar música, cosa que por supuesto creemos que no es cierto y que, como hemos dicho, es uno de los fundamentos del error de base de la educación musical peruana.

O acaso no tienen todos los peruanos el mismo derecho a una educación que respete su cultura?

En un país tan diverso como el nuestro, el problema también radica en que no nos conocemos lo suficiente. No tenemos instancias sistemáticas de investigación musical que nos permitan decir, que entendemos las formas de producción musical de todos nuestros pueblos, que sabemos porqué en tal o cual pueblo se canta con determinadas inflexiones, porqué ciertos instrumentos privilegian el timbre antes que una afinacion, por ejemplo, temperada. No hemos estudiado suficientemente nuestra música y nos hemos quedado con lo más fácil, pero lo más peligroso: Negar que estamos en el Perú, lleno de peruanos, cada uno con una pertenencia cultural diversa y en el Siglo XXI. Se sigue "enseñando" música en muchos casos, como si estuviésemos, por ejemplo, en Europa del Siglo XVIII.

 

¿LA MÚSICA o LAS MÚSICAS?

A estas alturas, la humanidad tiene claro que no podemos hablar de LA MÚSICA, sino que es más acorde con lo que sucede que nos refiramos a LAS MÚSICAS. Y lo cierto es que todas LAS MÚSICAS no son iguales ni operan sobre los mismos supuestos. Esto es obvio porque cada sociedad, así como cada época genera sus propias formas de recrear su mundo. Siendo la música, como hemos dicho en muchas ocasiones, una METÁFORA DEL SER HUMANO, (es decir, un lenguaje que emplea la organización de eventos sonoros recreando consciente o inconscientemente aquello que habita en el interior y que se nutre de las experiencias, de los deseos, de conceptos, de sensaciones, que vive en su propia construcción de realidad y de todo lo que es capaz de percibir o imaginar) es claro que LAS MÚSICAS de diversos lugares y épocas nazcan de una idea del mundo diferente. ¿Tenemos dudas acerca de que la música africana o la música china, o la música hindú o la música árabe (si podemos emplear estos reduccionismos arbitrarios a modo de ejemplo) son expresión de sociedades y formas de pensar y vivir diferentes?

¿Qué música se enseñaría en los conservatorios del Perú si los conquistadores de América hubieran sido Iraníes o japoneses y no Españoles?

¿Cómo influenciaría la educación musical peruana el hipotético hecho que en los conservatorios se hubiera acogido como profesores de instrumento a migrantes Hindúes expertos en sus instrumentos tradicionales y no a profesores de instrumentos europeos?

Este ejercicio mental no es tan inutil o absurdo como pueda parecer porque nos ilustra que nuestra educación musical no está partiendo de un contacto más ecuánime y respetuoso de nuestra propia constitución como nación, de nuestra diversidad multicultural, sino que hemos adoptado como ciertas y válidas, circunstancias que, en el otro extremo, son parte de una contínua lista de hechos de sistemática negación de los pueblos que constituyen nuestro país, a manos de un sector de la sociedad que institucionalizó una educación musical acorde a su modo de pensar y sus propios fines.

 

EMPATÍA MUSICAL E INCLUSIÓN

Más penoso es incluso, que los propios miembros de la sociedad peruana, educados con esta visión, no problematicen este estado actual de las cosas. Ponernos en el lugar del otro no siempre es cómodo ni agradable, cuando ello nos hace notar que hemos estado actuando insensiblemente, negando el igual derecho del otro a existir, a superarse, a ocupar su propio espacio de plenitud y realización. Si todos los que hemos estudiado en la academia musical, supiésemos lo que es vivir en comunidades alejadas varias horas de centros urbanos, si todos supiésemos lo que es tener una pertenencia arraigada a una cultura ancestral, si todos tuviésemos prácticas musicales propias, interiorizadas como elemento constitutivo esencial de nuestra identidad, es probable que no perpetuásemos con nuestro actuar o nuestra dejadez, un sistema educativo musical que en muchos aspectos violenta la integridad del otro. Ese otro que somos todos nosotros. Nosotros también somos EL OTRO que no quisiera ser negado y obligado a renunciar a su propia cultura.

Si el Estado Peruano va a invertir en instituciones NACIONALES (es decir, financiadas por TODOS los peruanos, incluidos los dineros recaudados por los impuestos que pagan los miembros de las comunidades más apartadas del Perú) dedicadas a la educación musical, es más que pertinente, que tenga una mirada realmente inclusiva, donde quepan TODOS los peruanos. Pero la inclusión no debería ser solo una palabra de moda que muchas veces se entiende como: "yo te incluyo, y te hago el favor de aceptarte en mi reino (pero por siacaso sigo siendo el Rey)", sino como el derecho fundamental, natural y cotidiano de TODOS, los que tienen el poder de instaurar las políticas institucionales y los que no, por igual.

 

LA INSTITUCIONALIDAD MUSICAL Y LA FUERZA DE LA CULTURA

Quienes tenemos o hemos tenido la posibilidad de liderar instituciones musicales, tenemos una gran oportunidad de cambiar las cosas, elegante y dignamente, sin esperar a que la marea nos arrase como va a suceder inevitablemente en el Perú por la fuerza de la propia sociedad, como hemos descrito en el párrafo inicial de este artículo. Es claro que estos cambios se van a dar en un futuro próximo de todas maneras pues ya no es posible tener a raya a toda la nación esperando que con sus impuestos mantengan el estado actual de las cosas en donde se les niega constantemente.

Por la fuerza de la propia convicción ética, por el respeto a todos, por nuestra propia conciencia, o, en el otro lado, por la fuerza de LAS CULTURAS MUSICALES PERUANAS, una nueva forma de entender y atender la educación musical peruana va a surgir. Pero para ello, para actuar dignamente, debemos dedicarle tiempo a conocernos más, a estudiar con las herramientas académicas que tenemos y con la empatía suficiente, nuestras propias formas de producción musical. Si no aprendemos, si no sabemos cómo y porqué se hace música en nuestro propio país, ¿cómo podríamos enseñarla responsablemente?

Orquesta de Piedras e Instrumentos Peruanos

Ensamble Contemporáneo Piedra Azul, conformado por miembros de las bandas de la Fuerza Aérea del Perú, ex-alumnos de mi Curso de Dirección Musical en el 2007 y grandes amigos para siempre.

REINVENTARSE PARA ESTAR A LA ALTURA

Pero, son los propios profesores de música quienes tenemos que reinventarnos. Dejar el manual importado un ratito y ponernos a estudiar nuevamente, para aprender a enseñar respetando la riqueza que ya traen los alumnos de música en el Perú, si pensamos el Perú como mucho más que nuestros propios hijos en nuestra propia ciudad.

No debería ser necesario decir que todas las culturas musicales del mundo tienen un valor intrínseco por su origen, por su autenticidad, por su carga identitaria. Así tampoco, tendría que ser necesario decir que estas ideas no se contraponen con la valoración de las obras musicales de todas las latitudes, incluidas las que pertenencen a los músicos europeos de los siglos XVIII, XIX y otros. Sin embargo, creo pertinente anotarlo. Me parece importante decir que ninguna de estas ideas se opone al estudio o admiración de las obras occidentales que son tan comunmente estudiadas en los conservatorios (mi actividad de Director, que interpreta regularmente estas obras me exime de mayores argumentaciones en este caso). Y es pertinente porque en nuestro país, se ha trazado una línea divisoria ficticia entre las "músicas de conservatorio" y las otras, las tradicionales, las populares y otras. A mi entender esta división es totalmente arbitraria y responde más bien a la funcionalidad de mantener intocable una parcela de poder y status que de otro modo pierde sustancia y sentido.

Todo lo que se haga honestamente y bien, contribuye al crecimiento de nuestra sociedad. Y es justo decir que antes y ahora han habido y hay personas con esta preocupación y acciones concretas en esta dirección (aunque es verdad también que no son muchas y esta mentalidad ha tenido siempre resistencia). Pero quienes tienen en sus manos la responsabilidad de dictar políticas y emprender acciones que afectan el derecho de todos los peruanos al pleno desarrollo no pueden dejar de tenerlo como máxima prioridad.

 

LA EDUCACIÓN EN SU COMPLEJIDAD

La educación musical en el Perú es un tema complejo y como tal hay que asumirlo, sin caer en facilismos o reduccionismos por comodidad. Si alguien se mete en este tema en el Perú debe saber que está entrando a un espacio de muchísimo trabajo y donde casi todo está por hacerse. Se requiere investigación, viajes, registro, sistematización, producción de nuevos métodos, creación de nuevas obras, repensar las instancias que tenemos, reorientar los recursos. Todo ello implica un gran trabajo y no se puede hacer en solitario. No debería hacerse en solitario y de manera aislada. Si existen instituciones nacionales dedicadas a ello, son las primeras que deben asumir esa responsabilidad. Pero no es fácil, entre otras razones por la resistencia al cambio, por la falta de dineros, por la nula institucionalización de la investigación y porque cuando esta se realiza, no llega, usualmente, a acciones concretas de transformación del sistema.

No es mi interés en este artículo criticar a las personas que en estos momentos o antes tienen o han tenido funciones directivas o ejecutoras en la educación musical peruana. No dudo que muchos están haciendo su mejor esfuerxo. Cierto es que desde donde uno esté puede y debe hacer mucho, pues la fuerza de los convencimientos nacidos del respeto y la empatía tienen el poder de lograr cambios realmente significativos. Pero no es el foco de este artículo. Lo que nos importa es llamar la atención sobre esta situación y propiciar que más personas se sumen a esta visión donde todos los peruanos quepamos dentro de las orientaciones de una educación musical ética. Es un derecho y una necesidad en un país tan musicalmente talentoso como el Perú.

 

UNA INTEGRACIÓN POSIBLE

La integración de los múltiples universos sonoros, teóricos, vivenciales, entre la academia musical y la cultura tradicional es necesaria y perfectamente posible, como lo demuestran las muchas experiencias que hemos desarrollado con músicos peruanos de los orígenes más diversos, con instrumentos de todo tipo y en variadas instancias artísticas, así como los logros obtenidos en este sentido a raiz de las numerosas y significativas actividades de la Dirección de Música de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y los criterios empleados en la educación musical allí impartida mientras estuvo bajo mi dirección. Un país más justo y humano, que crezca en su alma, donde todos nos aceptemos de corazón, solo es posible mediante el conocimiento de la diferencia y el respeto a cada uno de los miembros de la sociedad, en sus diversas identidades y en su admirable ternura.

La música contemporánea tiene en sí misma ya desarrolladas muchas herramientas para realizar técnicamente estos enlaces adecuadamente, previo estudio y análisis de nuestra propia realidad. Pero ese, es el tema de otro artículo.

Muchas gracias por llegar hasta aquí.

 

P. S. Pueden ver imágenes y escuchar audios relativos a este tema en este mismo sitio web (Concierto ASHÁNINKA, Radio Virtual, Elencos, etc...)

 

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